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15.10.12

Boquitas pintadas- Manuel Puig- 4















MANUEL PUIG 4-

PORTADAS DE NOVELAS "ROSA" DE CORÍN TELLADO . Observar el cliché reiterado en todas las tapas. Estas ediciones no son contemporáneas a la época en la que transcurre Boquitas... pero ejemplifican muy bien los estereotipos que transmiten dichas novelas.


















































































































Boquitas pintadas- Manuel Puig- 5- Ejemplos de ejercicios




















Boquitas pintadas

Manuel Puig
Dos ejemplos de controles bien resueltos.
1)
A- En “Disparen sobre el novelista”, M. Vargas Llosa realiza una valoración negativa de Puig y sus obras. Cataloga sus novelas como superficiales y no con temas profundos -mejorar expresión-, denuncia la falta de crítica social en las obras de Puig. Toma esto como una falta de respeto hacia la literatura polémica y vanguardista de la época tanto como hacia los autores que develan las injusticias. Bajo el término de “literatura liviana”, sitúa la obra de Puig como lecturas dóciles, rápidas, sin imprevistos y que no plantean al lector una injusticia social contra la cual deben rebelarse. Vargas Llosa critica a Puig ya que se esperaba que cada autor hiciera de sus obras denuncias y críticas para entrar en el círculo de autores reconocidos y vanguardistas; pero al no notar claramente en Boquitas Pintadas una crítica (ya que la novela es muy ambigua), Puig es rechazado y criticado.
Esto se puede ilustrar con la novela ya que en ninguna de sus entregas podemos notar expresiones irónicas o críticas a la sociedad retratada en la novela. Es más, esta se asimila más a un folletín que a una obra mundialmente conocida ya que reinan el conformismo, la servidumbre, la cuestión femenina, la falta de imprevistos, temas subjetivos como el amor, el deseo y la pasión, una temática simple y repetitiva, etc.

B- La novela contiene muchos silencios significativos, sobre diversos temas. Estos son vacíos de la palabra que son llenados por otros objetos o mismo -el "même" francés se traduce en estos casos por "incluso/hasta/aun"- , otras palabras. Revelan el mundo de la apariencia en vez de una realidad triste y quebrantada; existen palabras que son reemplazadas por eufemismos para no hacer notar su verdadero valor en la vida real. La novela también utiliza códigos paralelos para callar el verdadero diálogo transgresor; o los objetos llenan los vacíos para callar por ejemplo el erotismo y el deseo, que al ser ramas transgresoras deben ser silenciadas. Puig relata la sociedad al hacer lo mismo que ella; pero al representarla la traiciona y la delata, la denuncia. El autor calla para criticar el mundo que exterioriza las apariencias e interioriza la oscura realidad. Lo “innombrable” es la erótica, el deseo, la realidad de una vida cotidiana, la enfermedad, la muerte, la vergüenza.
En el libro se pueden seleccionar varios ejemplos de silencios significativos según los diversos temas, pero vamos a ilustrar este concepto gracias al ocultamiento de la verdad y exteriorización de las apariencias. Esto lo vemos cuando Nené le escribe una de las cartas a la madre de Juan Carlos (ella no sabe que es a Celina a quién le envía la carta). En un primer momento le cuenta sobre lo sola que está y de lo triste que es su vida cotidiana, y critica a su familia. Pero inmediatamente rompe esta primera carta para redactar una segunda en donde explicita lo feliz que es teniendo esa maravillosa familia y cuanto otras mujeres pudieran tener lo que ella. Esta es entonces una clara muestra de los silencios significativos enunciados por Schmucler

C- Podemos establecer tres analogías entre las operaciones plásticas del pop y las innovaciones literarias de Puig:
* Una particular selección de objetos, la estética pop introduce objetos banales y cotidianos a sus obras rompiendo el límite entre objetos estéticos y no estéticos. Puig, por su parte introduce en la literatura géneros similares a los folletines, canciones de la cultura popular (en los epígrafes), la dimensión hollywoodense de las películas, etc.
* Selección de motivos y temas. Los artistas pop juegan con elementos de la sociedad de consumo, de las publicidades, de los cómics, etc. Para crear estereotipos sexuales. En la obra de Puig, no solo los ambientes de las películas de Hollywood están presentes sino también los actores y actrices que pertenecen a ese mundo, que constituyen también estereotipos.
* Los procedimientos: un célebre artista pop afirma su voluntad de borrar su mano de su obra, esta corriente que busca borrar, hacer desaparecer la marca del autor es también tomada por Puig. Gracias al concepto de “narrador de grado cero”, comprendemos la misma voluntad de quitar las marcas personales de la obra.
Vamos a ilustrar la particular selección de objetos gracias a la novela con la inserción de canciones populares (en los epígrafes)
“Tercera entrega: ‘Deliciosas criaturas perfumadas, quiero el beso de sus boquitas pintadas…’ Alfredo Le Pera”
“Undécima entrega: ‘Se fue en silencio, sin un reproche, había en su alma tanta ansiedad…’ Alfredo Le Pera”

D- En el texto teórico de Beatriz Sarlo, vemos la alusión a una doble dimensión tanto del contenido de lo que se narra como de lo que el lector siente al leerlo. Las historias tratan del amor, tema relacionado con la felicidad, aunque para llegar aún estando enamorado diversas situaciones tristes y difíciles se viven. Por otro lado, encontramos la felicidad de los lectores al encontrarse con estas novelas rápidas, fáciles de leer, con temas repetitivos, sin inventos y sin alusión a injusticias sociales contra las cuales es necesario rebelarse y las cuales necesitarían horas de reflexión. Estas novelas también le dan la oportunidad a los lectores (mayormente mujeres y jóvenes) de identificarse con los lectores y creer que realmente (por unos minutos) la felicidad está al alcance de la mano. En el ámbito del placer, estas novelas relatan las aventuras de mujeres que no están destinadas a tareas cotidianas y que pueden dedicarse a una pasión placentera, a un amor prohibido que produzca placer y deseos sexuales. Estos temas, al bordear la erótica, tema considerado transgresor en la época de los folletines, atraen a los lectores permitiéndoles soñar con sus propias aventuras y así desarrollar ese placer anhelado. En fin, está doble dimensión de la felicidad y el placer es el objetivo de los folletines.
Podemos ver un ejemplo en la novela cuando Mabel y Nené están escuchando la radionovela y se interesan tanto en ella que su tema de conversación deriva hacia que es lo que los personajes harán, etc. Ambas se compenetran en la novela, al mismo tiempo que la radionovela se compenetra en los silencios de las dos mujeres. Esta novela de amor no correspondido las entretiene y les produce felicidad.


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“Boquitas pintadas”- de Manuel Puig

1-
A- “La obra de Manuel Puig tal vez sea la más representativa de lo que se llamó “literatura liviana”: Esta literatura realiza como arrogante y estúpido el esfuerzo de los autores que creían que escribir podía cambiar el mundo, revolucionar la vida, transformar los valores, enseñar a sentir y a vivir”. Aquí, Mario Vargas Llosa nos resume su opinión sobre: “Boquitas Pintadas”: definitivamente la obra no le gustó e incluso no la quiere titular como obra de la literatura. En “Disparen sobre el novelista”, Vargas Llosa critica la novela de manera muy ruda apartándola de la literatura. Explica que los textos de la literatura tienen que dar un dolor de cabeza al leerlos, es decir que tiene que provocar dudas y que el lector se replantee ciertos aspectos de la vida al punto de molestarle. Por esto, Vargas Llosa llamó a esta obra, “literatura liviana” cuyo fin es el de causar placer al lector sin tener un objetivo más profundo. Con su parecido a los textos de folletín, Boquitas Pintadas, según el escritor pareciera, es una novela totalmente superficial. Vargas Llosa no sólo critica la obra sino también al autor al cual trata de poco revolucionario y niega tratarlo como un “verdadero escritor” ya que se convirtió en uno por descarte, luego de haber fracasado en su carrera como cineasta. Digo bien “verdadero escritor” ya que es el autor de “Disparen sobre el novelista” que llama como autores de la literatura a todos aquellos que escriben para cambiar el mundo, “revolucionar la vida, transformar los valores,…”. En esta cita, el reconocido escritor pareciera no sólo muestra su opinión sobre la obra, sino define el término de la literatura literaria (dando como ejemplo más representativo “Boquitas pintadas”) y resume también lo que los autores de la literatura (y no de la “literatura liviana”) tienen como objetivo al escribir. Vargas Llosa está de acuerdo con Borges, apodado “bruja malvada” por Puig tras haber criticado fuertemente su obra. A pesar de la crítica de ambos autores reconocidos, esta novela fue llevada al cine.
Esta “literatura liviana” nombrada por Vargas Llosa se ilustra a lo largo del texto. Una de las tantas ilustraciones posibles es cuando Nené le escribe a Leonor, la mamá de Juan Carlos y le cuenta de su vida cotidiana “Hoy sábado a la tarde, conseguí que mi marido se llevara a los chicos al partido que juegan aquí cerca nomás”, “la rabia mía es una: Celina quiso hacerle gancho al hermano de Mabel”… Notemos bien que los temas son totalmente superficiales, tal como lo denuncia Vargas Llosa.
Esa cotidianeidad no es más que un tema liviana, acaso frívolo: “hacerle gancho”, o cuando dice que tiene que comprar los muebles, ningún tema profundo es tratado en la novela. Esto es lo que V. Llosa denuncia.

B- “Las páginas del libro podrían construir un catálogo de silencio (…) El lenguaje habla para llenar espacios constituidos por lo innombrable”. Schmucler define la obra como “catálogo de silencios”, es decir que en realidad los personajes no dicen nada relevante, sino que lo que callan es lo que importa. Los personajes no tienen personalidad, en ningún momento un personaje se arriesga o sale del esquema que la sociedad le permite. Los personajes hablan de lo que se debe hablar. Y cuando llega el momento de decir lo que piensan o sientes, se callan, omiten palabras. En la obra el ejemplo más significativo es cuando Nené le escribe una carta a Leonor criticando a su marido y a sus hijos y que luego tira y escribe una carta totalmente moderada. “debo hacerle una aclaración: yo gracias a Dios tengo una familiar que ya muchos quisieran, mi marido es una persona intachable […], mis dos hijos están creciendo preciosos”. Esta es la que le manda a Leonor, cuando sin embargo le había escrito: “a la tarde no puedo hacer dormir a los indios, qué divinos son los bebes (…) pero se hacen grandotes y se ponen salvajes”, “no aguanto más esta vida, todos los días lo mismo”.
Luego de escribir esta primera carta Nené la rompe en pedazos y escribe entonces una carta moderada y callada. Cuando Schmucler habla de lo innombrable hace referencia a los tabúes que la sociedad descrita no podía discutir: las enfermedades, el sexo, la muerte, etc… En el caso de Juan Carlos, quien estaba enfermo de tuberculosis sólo se dice la enfermedad en el acta policial de su muerte sino se habla de la enfermedad contagiosa, otro ejemplo es cuando Juan Carlos tuvo relaciones con Mabel el día de la primavera, sólo hay una foto que recuerda ese momento que Mabel tiene escondida secretamente.
En las charlas entre Nené y Mabel hay muchos silencios también. Cada una tiene mucho para decir pero cada uno lo calla y sólo hablan de lo que las mujeres deberían hablar: de chismes sin importancia, de la telenovela de la radio, de los hijos, de las compras, etc… Sin embargo son esos silencios y omisiones que definen a cada personaje. Los personajes son esclavos de sus palabras pero dueños de sus silencios. Y con esto hacen entender su verdadera voluntad. Bien conocido es el dicho “el que calla otorga”, con sus silencios los personajes otorgan datos y pistas para descifrar lo que realmente piensan.

C-“Qué operación plástica del pop es posible reconocer como horizonte de las innovaciones literarias de Puig?” Según Graciela Speraza, podemos reconocer tres “operaciones”: la ausencia de la marca del autor, la selección de objetos y la selección de los temas. La primera se ilustra a lo largo de la novela ya que a pesar de variar su manera de escribir, escribe desde el punto de vista del narrador omnisciente o externo. Un ejemplo significante es todas las acotaciones luego de escribir una carta, sea quien sea al que la escriba. En el caso de Nené: “Frente a ella a la mesa, un niño llena prolijamente con lápiz cuatro renglones de su cuaderno”, “dobla la carta y recorta en tres partes y los coloca en el sobre”, “bajo el sol de balcón interrumpe la escritura”. Puig borra entonces todas sus posibles marcas aunque termina haciendo lo mismo que sus personajes: su silencio y/o su ausencia no hacen más que delatarlo y mostrar que su opinión sigue ahí.
La segunda “operación” es la selección de objetos. Puig elije la ciudad llamada Coronel Vallegas, al trabajo de Nené en Al Barato Argentino, al teatro del centro, al hospital de cosquín… Todos objetos y lugares de lo cotidiano pero que sin embargo lo “llevo al arte”. Los objetos cotidianos elegidos están específicamente publicados de tal manera o que la obra se asemeje a un obra de folletín y de ahí comprender que es una crítica a ésta. Por último, la selección de los temas tales como el engaño (Juan Carlos quien estuvo con varias mujeres, o pancho también), el amor no como perdido, o el amor impedido ya sea por una enfermedad o por pobreza, el dinero y la sociedad. Aquí Puig también opta por temas como los del pop art (Nené siente un amor pasional por Juan Carlos, Raba o la mujer pobre que se enamora de un mujeriego, al igual que Nené, por la cual el amor, sea cumplido o no, llega a todas las clases).

D-“El placer aparece doblemente en estas narraciones”. Beatriz Sarlo nos define en “En la introducción a el imperio de los sentimientos” lo que es un folletín y los temas que abarca. Se dice que las novelas por entrega fueran textos de felicidad y dieron felicidad a los lectores. Se trata del placer que siente el lector al leer la obra ya que está escrita para cansarlo y es más liviano y también del placer por el contenido.
El amor, siendo el tema más importante del folletín, ocupa un lugar importante en la dicha felicidad. El placer en el contenido se basa en que el amor existe y está al alcance de cualquiera (ejemplo: Rabo se enamora de pancho por más que sea un sirvienta y Nené se enamora de Juan Carlos siendo su nivel social medio) y en que también se puede ser feliz en ese mundo sin querer cambiarlo. Contrariamente a la literatura revolucionaria, el folletín trae felicidad sacada del mundo en el que se encuentra, queriendo lo que posee, sin aspirar a tener lo que quiere. El placer del lector cuando lo lee es por la simpleza y la “intriga” agregada al final de cada entrega para seguir leyendo y buscar lo que vendrá después.

Boquitas pintadas- Manuel Puig 6- cuestionario guía





















BOQUITAS PINTADAS, DE MANUEL PUIG




GUÍA PARA LA LECTURA DE LA BIBLIOGRAFÍA


















Este orden puede ser de ayuda para estudiar:



1) Introducción a El imperio de los sentimientos, de Beatriz Sarlo




a) Identifiquen, en forma de lista, las características de los folletines, tanto en los contenidos de sus historias como en sus procedimientos estéticos.


2) Disparen sobre el novelista, de Mario Vargas Llosa


a) Identificar qué valoraciones positivas y/o negativas se hacen de la obra de Puig, y las respectivas razones.


3) Los silencios significativos, de Héctor Schmucler


a) Mencionar los ejemplos que da Schmucler acerca de que en la novela “el lenguaje habla para callar”, “para llenar espacios constituidos por lo innombrable”, etc.
b) ¿Qué explicación tiene esto para el autor?

4) Relaciones peligrosas: modernidad y cultura de masas (del pop art a Manuel Puig), de Graciela Speranza


Recordar que cuando se habla de “modernidad” se refiere a la época histórica que recibe ese nombre, convencionalmente ubicada entre los siglos XV y XVIII; en esta época se construye el concepto de hombre como ser racional que está todavía en la base de nuestra definición.
a) Reparar en los primeros párrafos, dedicados al problema de la oposición entre lo “alto” y lo “bajo” (“femenino”).
b) El planteo de la autora es que Puig utiliza procedimientos literarios que son analógicos a procedimientos plásticos del pop art: ¿cuáles? (pueden formularse tres).

5.5.08


Complementos para pensar, por ejemplo, en relación a Arlt y a Puig cuando lo veamos:








ENTREVISTA A JOSEFINA LUDMER- Elogio de la literatura mala


La crítica literaria considera que en los 90 se ingresó en una era de cambios rotundos que afectaron a la literatura y que obligan a reconsiderar qué se entiende por "valor" literario. Hoy investiga el modo en que ciertas escrituras "fabrican" el mundo. Contaminada por la economía, la política y los medios, la palabra literaria -sostiene- entra en la realidad y ya no es posible saber si conserva su sesgo crítico. Ludmer también acercó a Ñ, en exclusiva, un texto sobre el destino de las lenguas en el tiempo de las migraciones.


FLAVIA COSTA cultural@clarin.com.


Leo la literatura como si fuera un tarot, como borra de café, como instrumento para ver el mundo." La frase no debería sorprender: habla Josefina Ludmer, una de las más reconocidas y originales críticas literarias de la Argentina. Aunque a lo largo de la conversación dirá que no le gustaría que su próximo libro, el que contiene (en texto o en espíritu) la frase antedicha, estuviera en el estante de crítica literaria de las bibliotecas.

-¿Por qué?

-Porque considero que ya no hago crítica literaria.

-¿Qué hace, entonces?

-Trato de ver algo, algún punto del mundo en que vivimos, a través de la literatura. Leo el modo en que la literatura construye realidad, construye mundo, temporalidades, subjetividades, territorios, para pensar las condiciones de vida actuales. Y uso la literatura porque tengo entrenamiento en eso, pero se podría ver el mundo a través de cualquier cosa: la sociedad, el cuerpo, las creencias. Una vez que sabés leer algo, lo podés usar para pensar lo más general, incluso podría decir "lo humano" contemporáneo.

Discípula y mujer de Ramón Alcalde, maestra de escritores, lectores y docentes -durante la última dictadura pasaron por sus grupos de estudio privados Jorge Panesi, Alan Pauls, Claudia Kozak, Gabriela Nouzeilles, Fabián Lebenglik, entre muchos otros-, en 1973 Ludmer acompañó de cerca a Osvaldo Lamborghini, Germán García, Luis Gusmán, Ricardo Zelarayán y Jorge Quiroga, fundadores de una de las más importantes revistas literarias de la década: Literal

A partir de 1984 fue titular de Teoría Literaria II de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y entre 1992 y 2005, docente de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Yale, de la que hoy es profesora emérita. Desde esa posición a la vez reconcentrada y excéntrica (en la Argentina, "la que está en Yale", disfrutando las bondades del Imperio; en Estados Unidos, una "latinoamericana, judía, medio india"; es decir -subraya con orgullo- "una completa marginal"), Ludmer desarrolló además una de las tareas que más le entusiasman: la de "agitadora cultural". Fue ella, por ejemplo, quien en 1999 contagió a editores y lectores porteños el interés, no siempre benevolente, por el libro Imperio, de Toni Negri y Michael Hardt; la que impulsó la lectura de Paolo Virno, Scott Lash y Brian Holmes; la que inculcó la importancia de leer lo escrito en el país en el marco de América latina. "Mi proyecto es ser algún día activista cultural. Siempre me pareció importante poner en circulación ideas, materiales diferentes. Nuestra cultura es muy provinciana, narcisista en el mal sentido. Hay que sacudirla un poco."

En esos años escribió Cien años de soledad: una interpretación (1972), Onetti. Los procesos de construcción del relato (1977), y los que probablemente son sus dos trabajos mayores: El género gauchesco. Un tratado sobre la patria (1988) y El cuerpo del delito. Un Manual (1999), ambos traducidos al inglés y al portugués. El nuevo libro que Ludmer está escribiendo ahora -desde hace al menos tres años, y que según estima tendrá unas doscientas páginas- implica una intervención crítica arriesgada, que inscribe en su propio "método" aquellas características (oscuras, ambiguas, por momentos incluso disolventes) de una sociedad que desde 1989 está viviendo lo que ella llama "el gran cambio".

En los últimos meses circularon en Internet dos artículos que anticipaban ese trabajo: Literaturas postautónomas y Literaturas postautónomas 2.0 (publicados en diciembre de 2006 y mayo de 2007; otro texto, todavía tentativo, sobre el tema, fue publicado en la revista Confines en 2004), que fueron muy reproducidos y ocasionalmente criticados a lo largo de este año. Cuando le escribo proponiéndole hacer una entrevista a partir de esos textos, Josefina Ludmer responde que sí y adjunta unas cuantas anotaciones. Dice primero: "Podríamos partir de un punto crucial para todos: que en los 90 entramos en otra etapa en la historia de las naciones, de los imperios y del capitalismo, y por lo tanto necesitamos categorías, nociones, conceptos para pensar el presente".

Cuando nos encontremos dirá también que su libro propone un contrapunto entre los años 60-70 y la actualidad, a partir de la idea de que ya no es posible pensar mediante algunas dicotomías entonces habituales (literatura nacional o cosmopolita, realista o fantástica, tradicional o de vanguardia, "pura" o "social", rural o urbana). Y que ya ni siquiera es posible, o necesario, distinguir en la literatura entre realidad histórica y ficción. Menciona como ejemplo de esta "entrada en fusión" una serie de libros escritos y publicados en la región en los últimos años: novelas que son casi transcripciones de chats o blogs ( Monserrat, de Daniel Link), crónicas que se leen como narrativa (como Banco a la sombra, de María Moreno), objetos enrarecidos en los que no es fácil distinguir si son diario íntimo o crónica, autobiografía o novela (como Ocio, de Fabián Casas). También menciona las puestas del proyecto Biodrama de Vivi Tellas, y señala que lo común a todas estas piezas es que en ellas no se sabe "si los personajes son reales o no, si la historia ocurrió o es inventada, si son ensayos, novelas, biografías, grabaciones o diarios. No se puede decir que sean realidad o ficción: son las dos cosas, oscilan entre ambas, o desdiferencian las categorías".

Ludmer propone para entender el presente de la literatura -de la crítica, del campo intelectual- partir del término "posautonomía", que apunta a designar el hecho de que cada vez es menos sencillo -y pertinente- trazar cierto tipo de fronteras y tensiones entre lo cultural, lo político y lo económico. Ella lo explica así: "Hoy todo lo cultural (y literario) es económico y todo lo económico es cultural (y literario)". Y en ese primer intercambio por escrito agrega: "Estamos ante el fin de una era en que la literatura tuvo una lógica interna y el poder de definirse y regirse 'por sus propias leyes' e instituciones -la crítica, la enseñanza, las academias, el periodismo- que debatían públicamente su función, su valor y su sentido. Es el fin de la autorreferencialidad de la literatura".

Es y no es anecdótico: Ludmer no se deja capturar -ni por un cuestionario ni por un régimen de lecturas ya explorado, por ella o por otros-, sino que impone su procedimiento, o su estilo, a cada intervención: construye al mismo tiempo un objeto -ya sea lo que ella bautizó como "realidadficción" o esta entrevista- y una máquina para abordarlo -ya sean los conceptos de "imaginación pública" y de "literatura diaspórica" o las premisas sólo a partir de las cuales accederá a hablar: ante cualquier otra pregunta dirá, con ironía y sonrisa descomunal, "ya no me interesa", o "me aburre", o "prefiero no hablar de eso"-.

-Su idea de posautonomía es, por un lado, una observación acerca del estado de la literatura actual, pero también una toma de posición respecto de la esfera autónoma de las artes. ¿Es una nueva forma de crítica a la institución literaria?

-No, la crítica a la institución corresponde más bien a los años 60 y 70. Hay que hacer una distinción -que no es fácil por momentos- entre la contracultura, la crítica al arte y a la práctica artística de los años 60 y 70, y la situación actual. En esos años se hablaba de "antiliteratura" o "antinovela"; se enfrentaba a la institución queriendo destruirla. Ahora la idea es más bien dejar que la institución siga existiendo, aun pertenecer a ella, pero señalando un espacio que la excede, que la desautoriza o la deja atrás. La institución sigue con sus problemas, sus ceremonias, sus entregas de premios, y me parece que va muriendo sola. Mientras que la literatura se renueva saliéndose de sí misma. Muchas escrituras actuales siguen apareciendo como literatura, tienen el formato libro y conservan el nombre del autor, pero no se las puede leer con criterios o categorías literarias como autor, obra, estilo, texto, sentido, porque aplican a la literatura un vaciamiento radical: el sentido, la escritura, el autor, quedan sin densidad, "sin metáfora". No son ni un comentario de la realidad ni su "afuera". El sentido es ocupado por la ambivalencia: son y no son literatura al mismo tiempo, son ficción y realidad, son "realidadficción".

-¿Sería que la literatura ve a la institución literaria como una especie de Estado, y entonces -como dirían Negri o Sandro Mezzadra-, en lugar de combatirla, entra en éxodo«p de ella?

-Cuando digo que la literatura entra en éxodo, o en diáspora, me refiero a que sale de una esfera pero al mismo tiempo permanece en ella, en el sentido bíblico de estar afuera pero simbólicamente adentro. Los libros que analizo no rompen definitivamente con la institución, pero se contaminan con elementos económicos, políticos, sociales, y crean un tipo de formación nueva, propia de la época de las empresas transnacionales del libro o de las oficinas del libro en las grandes cadenas de diarios, radios y TV. Son la literatura en la era de los medios.

-Usted dice, en este sentido, que hoy "los efectos de distribución son efectos de lectura".

-Sí, porque en este momento, mucho más que los autores o los estilos, lo que funciona como sentido es la distribución del libro: la pequeña editorial independiente que produce para el mercado interno "estetiza" el objeto; la gran cadena de distribución española produce un efecto "mercancía". Pero esto tiene que ver con que ya no funciona, o no de la misma manera, lo que Bourdieu llamaba "la lógica del campo", que está asociada a la autonomía de las esferas y a las luchas por el poder dentro de la literatura. Las identidades literarias, que antes eran también identidades políticas, se desdibujan. Hoy el régimen político de los textos es mucho más ambivalente: uno lee Cosa de negros, de Washington Cucurto, y no se sabe si lo que se dice allí es que los dominicanos o paraguayos son así, que sólo piensan en la bailanta y el sexo, o si ésa es la mirada de un narrador o de una lengua racista. Es una mirada que perturba la lectura política porque muestra algo así como las dos caras. Se diluye el poder crítico, incluso subversivo que la literatura había asumido como política propia en la era de las esferas.

-¿Dónde se ejerce esa crítica, esa política?

-Es posible que esa política ya no sea posible en un sistema, en una realidad, que -como la nuestra- no tiene afueras y todo lo superpone. Es tal la superposición y contaminación de lo que antes estaba bien diferenciado y separado que, por ejemplo, hoy me es imposible hablar, como muchos siguen haciendo -al modo benjaminiano-, de "arte" y "política". En la concepción de esferas autónomas, el problema eran las relaciones: la politización del arte o la estetización de la política, decía Benjamin. Hoy los problemas son las fusiones, las contaminaciones, los éxodos. Eso implica dejar a un lado, o entre paréntesis, la cuestión del valor de los textos literarios.

-¿Qué sería "dejar entre paréntesis el valor literario"?

-Yo creo que hay que reformularlo. A mí como lectora me gusta todo: me encanta El Quijote y también me encantan las prácticas de hoy. Me gusta la práctica literaria: que me cuenten algo, ver funcionar una lengua para construir mundos. Pero creo que lo que hace realmente mal es el dogmatismo. Decir: "hasta acá es la gran literatura, y de acá en adelante es una porquería". Tenía colegas en Yale que decían que después del boom no había habido buena literatura en América latina. Y estoy totalmente en desacuerdo. Es reaccionario seguir aplicando criterios modernos, de la autonomía plena, a los textos contemporáneos. Por eso deberíamos discutir de nuevo qué es el valor literario, porque si cambia la literatura, cambia el valor, obviamente. ¿A qué llamamos hoy valor? ¿A la contemplación de destinos, a la existencia de un marco, a las relaciones especulares, al libro dentro del libro, a la densidad verbal, a las duplicaciones internas, las recursividades, los paralelismos, las paradojas, las citas y referencias, a todo eso que califica a la llamada gran literatura? Ahora quizá no encontrás eso, pero encontrás otras cosas muy valiosas.

-¿Por ejemplo?

-Estas nuevas literaturas fabrican presente y esa es una de sus políticas. Salen de la literatura y entran a la realidad de lo cotidiano, donde lo cotidiano es la televisión, los blogs, el email, Internet, etcétera. Esa realidad cotidiana no es la realidad histórica del pensamiento realista y de su historia política y social, sino una realidad producida por los medios y las tecnologías. Una realidad que no requiere ser representada porque ella misma es pura representación. Un ejemplo es el del Thé»átre du Soleil. Me interesó ver cómo Ariane Mnouchkine, esta gran representante del teatro revolucionario y brechtiano de la generación del 68, trabaja ahora con el realismo cotidiano, opuesto al realismo histórico. La narración clásica (como Cien años de soledad, de García Márquez, o Yo el Supremo, de Roa Bastos, o El mandato, de José Pablo Feinmann, o novelas históricas como La revolución es un sueño eterno, de Andrés Rivera) distinguía claramente entre lo histórico como "real" y lo "literario" como fábula, mito, alegoría o subjetividad, y producía una tensión entre ambos: la ficción era esa tensión. La ficción era la realidad histórica -política y social- pasada por un mito, una fábula, una subjetividad. El realismo cotidiano, en cambio, se nutre, por un lado, de la repetición: el ritual de la comida, la escena del día a día. Y por otro, del flash del instante, el accidente, el acontecimiento; la gente común que un día se entera que tiene cáncer, o que vende la casa, o que se separa: esos momentos de cualquiera que dividen la vida en dos. Esto nos habla de otra vivencia del tiempo, de una nueva temporalidad y una nueva conciencia histórica: la del instante que parte el tiempo, y está como fuera de la Historia con mayúsculas.

-Pero si el eje es lo cotidiano, ¿dónde aparece la relación con la Historia? ¿No implica esto un abandono de la discusión y elaboración de procesos contemporáneos, que hoy podrían ser desde el escenario de la «pguerra de Irak como, más localmente, la cuestión de la nacionalización del petróleo?

-Por supuesto que hay que discutir guerra, petróleo, imperios, imperialismos. Pero por los ejemplos que das, más que de historia yo hablaría de política. Y te diría, en forma siempre tentativa o fantástica, que la gran Historia se disuelve, como el pasado, en el presente, en el acontecimiento o accidente del presente o en la vida cotidiana del presente. La gran Historia aparecería más como política y memoria. Y allí veo un cambio de configuraciones temporales, lo que implica un cambio de conciencia histórica. A partir de la caída del Muro de Berlín cae también un elemento de futuridad que es la clave para pensar las diferencias temporales y también la historia. En los 60 no dudábamos de que la revolución era inevitable: el futuro era revolucionario y era un futuro de justicia. Hoy en cambio el futuro parece haber desaparecido; sólo existen los pasados, todos los pasados, conviviendo en el presente. Y el futuro aparece como un presente extendido.

-Si vemos esto en la literatura, las nuevas escrituras que usted describe conviven con otras: las obras literarias tal como se conocían hasta ahora, con sus fastos, sus ceremonias, sus proyectos, sus criterios de valor... ¿Cómo lee esa convivencia?

- En la literatura, diría que junto a los best-sellers y a las escrituras que suelen llamarse "malas" (y que yo no considero nada malas), de ahora, existe la buena vieja literatura, con múltiples lecturas. La literatura hoy incluye todo su pasado, aun el de cuando todavía no era "literatura", y puede ser crónica, carta, mensaje, diálogo, testimonio. El problema justamente es leer el hecho crucial de que "lo anterior" está presente en el presente, junto con formas aparentemente nuevas. En otro campo, y para repetir lo que ya he escrito: ese es el problema del libro Imperio. Hardt y Negri consideran que la etapa imperialista está concluida y que ahora rige sólo el imperio desterritorializado: hacen un corte en la periodización. Discrepo desde nuestra región: está el Imperio, pero también el imperialismo -donde el imperialismo es un modo de expansión y dominación nacional sobre otros territorios-. Y ésa es una de las claves de lo que debemos leer: cuáles son las relaciones entre Imperio e imperialismo, entre presentes y pasados. El primer capítulo de mi libro se titula "Temporalidades del presente" y trata este problema. Es un análisis de muchas ficciones que salieron en la Argentina en el año 2000. Y mi hipótesis es que a partir de esta cancelación del futuro, y gracias a la tecnología, el presente se densifica enormemente y absorbe todos los pasados. La novela de ciencia ficción El juego de los mundos, de César Aira, lo muestra bien, así como El árbol de Saussure. Una utopía, de Héctor Libertella, cuya atmósfera es, en cierta medida, fantástica; porque vivimos en una utopía realizada.

-Una utopía bastante terrorífica.

-Sí, hoy vivimos en la utopía realizada del liberalismo de circulación mundial de la mercancía. El proyecto utópico del liberalismo del siglo XVIII fue que todo el mundo se abriera al comercio mundial y que todo circulara, y estamos viviendo eso. Uno podría decir que, en cierto modo, el futuro cae cuando las utopías se realizan. Entonces, ¿cómo se piensa una situación de utopía realizada? Se piensa desde y en el presente, o se piensa "en presente". Y también la historia se piensa en presente. Por eso es fundamental ver cómo funciona esa máquina de fabricar presente hoy. Nos adherimos al presente para entenderlo.

-¿A qué se refiere con "imaginación pública"?

-La imaginación pública es todo lo que circula, los medios en su sentido más amplio, que incluye todo lo escrito y que es algo así como el aire que respiramos. Todo lo que se produce y circula y nos penetra, y que es individual y social, privado y público, imaginario y "real". La categoría de imaginación, que tomo de Appadurai, incluye en su interior toda la historia de lo imaginario: el imaginario social, la idea de la escuela de Frankfurt de imágenes producidas mecánicamente, la idea de comunidad imaginada y la de institución imaginaria de la sociedad. Y la pienso pública de un modo utópico y despropiado, desprivatizador: como un trabajo social, anónimo y colectivo, sin dueños, que fabrica presente y realidad. En esa masa global no hay un "afuera", y en esto difiero con ciertas utopías de los 60 y 70 que postulaban una "realidad verdadera" más allá de la máquina opresiva de los medios. Y por lo tanto las estrategias políticas cambian totalmente. Porque esa masa tiene un carácter doble: por un lado es el modo en que los ciudadanos son disciplinados y controlados y dominados, pero también es un trabajo creador: la facultad por la cual hay crítica y otras formas de vida colectiva.

-Usted dice que piensa utópicamente la imaginación pública como un trabajo social, anónimo y colectivo. Pero dice también que hay imperialismos e Imperio; es decir, que en esta fábrica del presente y de realidad hay desigualdades, hay por decir así proletarios de la imaginación pública, hay explotación. ¿Cómo pensar esa dimensión?

- Sí, para mí la imaginación pública es un territorio utópico, pero por supuesto existe la explotación: los que trabajan en toda la red que produce el presente son explotados. Yo pienso como si ya hubiera ocurrido la liberación y esa creación de presente, de afectos, de creencias, de vidas cotidianas, fuera un trabajo libre de todos, como si ya no hubiera opresión. Es una posición totalmente utópica: me interesa pensar si desde ahí puedo captar algo, porque es la otra cara de la ambivalencia. Pero en la realidad lo que ocurre es la desigualdad más brutal, porque la globalización viene con una diferenciación tremenda: produce cientos de miles de pobres que están pataleando en el barro; condensa en el presente una suerte de historia de la humanidad, desde los hombres de las cavernas hasta el tipo que está conectado a Internet las 24 horas, con sus migraciones, sus desplazamientos forzosos... Sí: lo que podríamos llamar la explotación, la injusticia, el imperio y el imperialismo son brutales. Esa es la cara que muestra la utopía realizada del liberalismo, la contracara de mi utopía.







LUDMER BASICO

SAN FRANCISCO (CORDOBA). CRITICA LITERARIA

Ludmer apenas confiesa que nació en el siglo pasado y que, originalmente, entró a la Universidad Nacional de Rosario para estudiar Filosofía, pero algunas compañeras la convencieron de que "las chicas de Letras tenían mucho más charme". Tomó clases con integrantes del grupo Contorno, y poco después de recibirse, en 1966, se mudó a Buenos Aires. Durante la dictadura dio clases grupales en su casa. Desde 1984 fue titular de Teoría Literaria II en la UBA y, entre 1992 y 2005, fue docente en la Universidad de Yale (EE.UU.). Pero siempre se ufanó de no trabajar sólo en el mundo universitario, sino también en la "cultura viva". Publicó ensayos sobre Manuel Puig, Felisberto Hernández y Guillermo Cabrera Infante, entre otros. Es autora de "Cien años de soledad. Una interpretación"

(1972); Onetti. Los procesos de construcción del relato (1977); "El género gauchesco" (1988) y "El cuerpo del delito. Un Manual" (1999).




Enseñar como resistencia

Si uno de los símbolos más claros de la censura durante la dictadura fue la quema de libros, la represión en las universidades fue desde el secuestro y la proscripción de docentes y alumnos a la censura de la bibliografía y los planes de estudio. El exilio era la ruta obligada de gran parte de los intelectuales que orientaban el pensamiento y la producción cultural en Buenos Aires. Sin embargo, algunos de ellos eligieron un exilio interno, lo que, en el caso de la China Ludmer, fue un gesto de resistencia. Gracias a ella y su actitud de silencioso empecinamiento, algunos de los estudiantes de aquella época tuvimos nuestro espacio luminoso de verdadero aprendizaje. Lo que estudiábamos con ella no es hoy para nada secreto: desde el formalismo ruso al posestructuralismo, pasando por Barthes, Freud y Lacan. Y algunas lecturas emblemáticas de Borges, Girondo, Puig. Pero en esos primeros años 80, todos esos autores se habían evaporado de los programas de estudio o las lecturas críticas para abordarlos eran poco estimulantes.

Por otra parte, lo que la China transmitía no era la mera traducción del texto teórico. Nos enseñó una forma de abordar la teoría de manera crítica, a rastrear genealogías de ideas, e identificar conceptos y formas de funcionamiento que se revelaban productivos en la lectura de los textos. Lo que ella planteaba era una nueva forma de leer. La claridad y contundencia con que hoy expresa su planteo sobre las literaturas posautónomas era la misma que ponía en juego como docente. Y también cierta diversión, cierto "placer del texto" -lo que leíamos nos apasionaba-, cierto placer del pensamiento que es capaz de arriesgar y dar un salto para construir sentido. Por todo esto, esos encuentros semanales en el departamento de la calle Viamonte son parte de nuestros mejores recuerdos de aquellos años oscuros que vivimos.

ALEJANDRA R. BALLESTER






De la nación a la lengua

Hay una extraña convergencia entre los relatos de migración de latinoamericanos al primer mundo (que estoy leyendo en estos últimos tiempos), y la industria de la lengua que nos toca por todos lados hoy a los latinoamericanos: la industria de los teléfonos, de la enseñanza del castellano, de las radios, los libros, Internet, los call centers. Es una convergencia entre procesos que aparecen al mismo tiempo como afectivos, económicos, culturales y políticos. Procesos en fusión.

Las novelas de migraciones latinoamericanas proliferan a partir de los años 90 y forman parte de las escrituras diaspóricas de hoy. Hay muchas de Argentina, Uruguay, Colombia, México y otros países. Exponen, generalmente en primera persona, una serie de experiencias afectivas y lingüísticas. Tengo dos que son límites, radicales. La primera es la experiencia a veces trágica de convertirse en nadie o en otro: convertirse en latino, hispano, sudaca, bolita. Ese otro pasa a representar en el exterior lo que pierde: el colombiano en Nueva York es "Colombia"; el boliviano en Buenos Aires es "Bolivia" (2001), la película de Israel Adrián Caetano. El migrante latinoamericano sería, paradójicamente, uno de los sujetos nacionales de la globalización. Porque está desnacionalizado puede ser un representante de la nación latinoamericana de hoy.

La otra experiencia afectiva radical es la de la lengua. Los relatos de migración cuentan el proceso de separación o de desfusión del afecto lenguaterritorionación o sentimiento de patria. Al dejar la nación, la lengua propia (que me habita y es el aire que respiramos y nos envuelve) pierde terreno, literalmente se desterritorializa, se desnacionaliza, y queda como encapsulada adentro de los sujetos. Uno de los sentimientos que acompañan la migración en las novelas es la sensación no solo verbal sino corporal de estar encerrado afuera, y ese es el estado de la lengua propia en la migración, cuando se separa de su territorio y queda sin suelo ni aire.

Para sobrevivir es necesario darle otra patria a la lengua. Entonces los migrantes de las novelas encuentran el deseo, la ilusión, la salvación, la vida y la comunidad o la comunicatividad en las cosas (objetos y acciones) hechas de lengua, oral o escrita: en los teléfonos, las radios, el canto, la enseñanza de la lengua, los mails, los chats, los periódicos, las cartas y también las comidas. Allí, en estos locus de lengua propia sin los cuales no hay relato de migración latinoamericana, se puede constituir el territorio de la lengua como patria subjetiva de los migrantes.

Y aquí se encuentra la extraña convergencia. Porque esas cosas hechas de lengua que son la patria del emigrado forman parte de una industria global donde el castellano es para España un recurso y un mercado y uno de los centros de la producción inmaterial de hoy: la lengua es el medio de los medios de comunicación. En ese mercado del español la lengua es presentada al mismo tiempo así: "El español como recurso económico", el español "patria común" y "lugar de encuentro" (véanse los trabajos de José del Valle y su último libro La lengua, ¿patria común? Ideas e ideologías del español. Madrid, Vervuert- Iberoamericana, 2007). La constitución de una comunidad transnacional panhispánica, donde la lengua es patria y mercancía, reproduce la vieja unión colonial entre España y nuestra América, con las jerarquías entre el centro "real" (uno, una nación) y las plurales representaciones de las "correspondientes" repúblicas americanas.

Migraciones e inversiones en lengua, migraciones e industria de la lengua, migraciones y políticas imperiales en el campo de la lengua: esta serie de extrañas convergencias muestran las fusiones entre lo económico, político, cultural y afectivo, características del nuevo mundo en el que vivimos. En la convergencia se fusionan las políticas de los sentimientos-afecciones (en este caso la política de "la patria común"), con algunas de las muchas economías políticas de la globalización.

Especial para Ñ. Nov., 2007







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