6.10.08

La ciudad y los perros- Mario Vargas Llosa- Trabajos de alumnos 2008




















La consigna era relatar algún episodio cotidiano utilizando la técnica de múltiples narradores que usa Vargas Llosa en La ciudad...; fíjense si estos trabajos responden o no y por qué, en todo, en parte, etc.



Crucé Juramento y ya a los lejos una cola gigante me esperaba en la parada del 60: la típica, una vieja y su caniche toy, el tipo de traje, el canillita, la mamá y su hija… El colectivo no llegaba y la gente se impacientaba.

“¡Uy! Qué 60 de mierda” “Tranquila mi amor, ahora viene” “Ahora le voy a encajar una trompada al colectivero” me dijo “calmáte, calmáte, ya va a venir” “¡Pucha! Voy a llegar tarde al trabajo”. Ahí saltó Sergio “¡Joder, tío, que conteo!”. De repente, el 60 se acerca. “¡Por fin!”, “¡Ya era hora!”, “Hace una hora que estamos esperando”, “Má, Má, Má, ¡vamos, vamos!”, “A ver si todos hacen la fila que no entiende nada…” El colectivo no se acercaba a la vereda y seguía como loco por el medio de la calle. Repentinamente, un perro salió disparado, lo que hizo que el colectivero, que iba a tanta velocidad, chocara contra la ferretería: un muerto y cuatro heridos.

“¡Uy! Otra hora más de espera”

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- Esta tarde tenemos que ganar o ganar. - Si este tipo sigue con este esquema no vamos ni para atrás ni para adelante. - El equipo va a formar así; en el arco Oscar, abajo Nico, Pablo y Fabián; de enganche Román y adelante Lía y Sergio. - Un desastre. - ¡Shhh! - Loco, vamos a poner toda la garra así por lo menos nos vamos dignamente de esta cancha. - Arquero, ¿lista? ¡Juegue! - Cambiala Román, ¡no la pierdas ahí! - ¡Corré, seguilo! - No pierdas la marca boludo, ¡te están pintando la cara! - ¡Ahí va! ¡Avanza! ¡Seguí vos! - ¡Offside! - Está bien chicos, la próxima no te duermas. Ya la vamos a meter. - Frená la pelota, ¡cambiá el ritmo! - ¡Vuelvan loco, pongan huevo! - ¡Ahí va! - Volvé, volvé, volvé… ¡No! ¡Gooooooooooooooooooooool! - ¡La puta madre! - ¡Vamos! - No puede ser loco, esta defensa es un colador. - Ya está, ya las tenemos, aceleramos un toque y los clavamos el segundo. - ¡Pónganse a transpirar que el partido ya empezó! - Calláte gordo, ¡vos sí te podés mover! - Dale nomás, dale, ¡dale! ¡GOOOL! - Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver… - Saluden, chicos. Ya está, nos ganaron bien. - No seás amargo, les tendríamos que haber metido tres goles. - Con este DT* nos vamos a la mierda…

* Director Técnico

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Era domingo, durante un típico almuerzo familiar donde el plato principal, como siempre, eran pastas. Las discusiones con mamá habían empezado desde ayer, yo quería salir y ella no quería, tenía que estudiar, pero en la mesa las miradas y conversaciones entre nosotras eran inexistentes, la presión reinaba. Mis hermanos y mi papá no estaban enteradas pero solo bastó la corriente pregunta de mi papá para escandalizar a mi mamá y que los gritos y peleas fueran las partícipes del almuerzo. ¿Qué hiciste anoche al final, Martita? ¿Valía la pena responder?, pensé. ¿Qué más puede hacer tu hija, Ricardo, más que salir con sus amigas en vez de estudiar, como corresponde? Sabía que ibas a decir eso, es imposible que puedas guardarte las cosas, es muy necesario volver una y otra vez a lo mismo, ¿no? Siempre iguales ustedes: “Martita te falta crecer”. Me parece que como hermano deberías callarte o ayudarme, ¡traidor! ¿¡no ves!? Constantes agresiones. Marta, siempre igual vos… ¡nunca cambiás! tus actitudes me agobian. Te agobian, decís, pero no te das cuenta que quiero disfrutar con mis amigos, que siempre viviste tras de mí prohibiendo todo. Es hora de que pares. No seás irrespetuosa, soy tu madre y tengo derecho a decirte y prohibirte lo que quiera. Sos menor de edad, ¡recuérdalo! Otra vez lo mismo, ¡carajo! (siempre el mismo inútil argumento en el que ella no sabía qué decir, era obvio) Que vos tengas problemas de protección es un tema tuyo, ¡déjame vivir! ¡Paren un poco ambas! Se acabarán las discusiones innecesarias, es hora de que ustedes se pongan de acuerdo. No te das cuenta, Papá, de que es imposible dialogar con esta mujer, es retrógrada y tonta… ¡Marta, no insultes a tu madre! ¿Sabés qué? No quiero bancar más estas cosas, estas discusiones me agotan porque no tengo problemas escolares y lo saben, ¡déjenme en paz, me voy a mi cuarto! ¿Ven? Ni siquiera puedo elegir entre levantarme o irme: chau –agregué.

Esto era lo cotidiano en mi familia, últimamente la rutina se basaba en discusiones con alguno de mis padres, especialmente con mi madre. Sería tan fácil resolverlo de otra forma…

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“Bueno, ¿vos qué vas a hacer ahora? No sé Tucán me dijo de ir a verlo tocar en un rato pero… no sé… ¿quieren venir? Porque sola… medio mal…. Uh! Pero ya los vimos treinta veces a los pibes esos, no sé, preguntale a Sofía. No, no, yo ni en pedo, va a estar Pato, vamos a otro lado. ¡Fiesta del cassette! Pero, ¿de nuevo ahí?” Apaga el cigarrillo, la colilla ya está consumiéndose. Se abre la puerta y entra el perro “¡Andate perro, salí!” Entra N. y ve a todas acostadas con una película de fondo “Che, apagá esa cosa. No me jodás, la quiero ver. Pero ya la viste. No, dale, la estamos viendo, no jodás. Eh, no sabén, el idiota ese me acaba de llamar, es increíble, no entiendo, no entiendo! ¡Ah, bueno! ¿Qué carajo quiere ahora? Bueno, no sé, paren todas: ¿¡podemos decidir!? Ya es tarde.” S. sale a buscar hielo y jugo, vuelve mordiendo una milanesa. “Che, ¡pero no te las comas! Tienen que quedar para cuando volvamos… Uh! Dale, que me acaba de llamar mi viejo. Decidamos ya. Soma, Salón, Avault. No, yo no vuelvo ahí. Avantt. Salón. No, el Salón lo clausuraron, algo así. Bueno, entonces Avantt. Siempre lo mismo, yo quería ir a Soho. No, Paulina Rubio y te matás. Jajajaja… Che, pero ¿a Tucán qué le digo? Me va a matar. No sé, inventale algo. ¿Otra vez? Bueno, ya fue.” Apaga la televisión. “Bueno, hay que cambiarse.”

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Ya son las tres de la tarde. ¿Podríamos ir de una vez, no? Bueno nene, ya salimos. El padre cierra la puerta con llave, toma las reposeras y camina junto a su mujer, quien va fumando un cigarrillo, y su hijo de seis años. No puedo esperar más, quiero llegar, y papá que nos hace tardar con sus negocios y mamá repitiendo todo el tiempo esas palabras que ya no entiendo. Llegamos.

¡Ma! Me voy al mar. Nadie me escucha. Nunca nadie me escucha. Papá siempre dice que algún día me voy a convertir en un hombre y yo espero y espero… y ¿para cuando? Me voy solo, yo no le tengo miedo al agua, aparte ya soy grande. ¡Ay! Qué fresquita qué fresquita que está el agua, ¿lo viste a Mauri? Hace dos minutos estaba acá, tranquilo y ahora no lo veo por ningún lado. Se habrá encontrado con algún otro pibe.

Pero si es menos sociable ese chico, está todo el día pegado a nosotros. ¡Papá! ¡Papá! ¡Mamá! ¿Dónde están? Y esta gente que no me mira, y yo que ya estoy llorando y la maya azul de mamá que no aparece. Se le acerca un señor. Este pibe quién será, está llorando, a ver si le pregunto cómo está, lo consuelo un poco y su vieja me compre, capaz, unos barquillos. ¿Quién me manda a mí con cincuenta grados de calor a la sombra a vender barquillos de mierda? Pibe, ¿estás bien? No veo a mí papá ni a mi mamá. ¡Mauri! ¿Dónde estás? Espero escuchar dentro de poco los aplausos y que en el medio de este tumulto aparezca nuestro hijo. ¡Ay, Jorge! Ya no sé, es medio flacucho de brazos. Eso que fue a natación dos años.

¡Papá! ¡Mamá! A ver si me escucharán entre todos los aplausos. Que suerte, igual, que el hombre de las galletitas le avisó a las personas grandes que aplaudan. Todo este lío se armó por mí, todos esos grandes me miran y aplauden al mismo tiempo. Ahí están! Ya los veo…

Una ayudita pa’ el barquillero que lo encontró al nene, ¿no? Digo, una colaboración no vendría mal, mire don que son ricos, ¿eh? Salí de acá, ¡estafador! Ustedes, la gente de la costa, todo por fines de lucro…

Pá, mirá que el señor de las galletitas me ayudó, empezó a aplaudir y todo, ¡de verdad!

Calláte, son cosas de grandes.

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Hace frío. La niebla no deja ver nada, ni a los más cercanos. La lluvia desdibuja los cuerpo y es como si estuviera en una vieja película en blanco y negro. Siento una falta de luz de calor, de sentido. Alguien rompe con el silencio: “No hace mucho, un día como hoy, yo estaba en un campo y la electricidad se cortó, todos tuvimos que callarnos para escuchar la única guitarra acústica de Paul Westerberg tocando ‘Here comes a regular’, 300 mil personas y una sola guitarra…”. Caminó por unos segundos y se quedó frente a la ventana recordando. El más pequeño al rato se levantó. “Tengo miedo, ¿puedo dormir con vos, mamá?” “No te preocupes, ya todo se va a calmar”. Volvimos a hacer silencio, nadie sabía qué decir. Todavía estaba sonando el piano de Thelonious Monk en la casa. Papá, con su malhumor habitual y su olor a habano cambió de posición haciendo ruido “Mañana no creo que pueda ir a trabajar, si esta lluvia no para los caminos van a estar inundados”. Frunciendo el ceño: “¡Qué día perdido por nada!” Mamá no decía nada, era como si el tiempo le hubiese costado el habla.

Lentamente, se fueron escuchando gotas más espaciadas, no tan seguidas. Nos quedamos un rato más mirando para mientras se iba terminando la música, luego irnos a acostar. Esa noche Valentín durmió en mi cuarto, el pobre le tenía miedo a la obscuridad.

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-Cecilia –dijo la profesora.

Su rostro empalidecía y de fondo se escucharon unos resoplidos que contenían el alivio de ser exonerados.

-Acá –dijo Cecilia tartamudeando, y comenzó con su relato.

Había pasado sus vacaciones despreocupada por sus tareas y llevando una vida salidera. A medida que se fue acercando la fecha empezó su preocupación. Ahora se encontraba escondida detrás de sus compañeros, rogando escuchar el sonido de la campana. Había llegado a la conclusión de que valía la pena haberlo leído y evitar así tal sentimiento. Miraba los rostros de sus compañero y veía una despreocupación aparente, María estaba prácticamente dormida y su respiración pausada la imitaba <>

-Y… eso es lo que más me llamó la atención. –así terminó su análisis mediocre.

Por favor, por favor que no me toque a mí. Pero ésta me llama siempre, la tiene conmigo. Ésta Cecilia zafó de una manera y, para colmo, sin haberlo leído. Me harta que prefiera a las mujeres, como si eso las condicionara a ser más responsables. Me pasé el invierno sin salir para terminar el maldito libro y seguro me clavo un cero. Espero, por favor, que siga por orden alfabético.

-María, no se desperece en mi clase, ¿que opina usted? leyó el libro, me imagino.

Luego de un bostezo y con un aire soberbio le respondió <> y comenzó la composición.

Si me diera bola, me pasé el verano pensando en vos. Qué linda que se ve, tan preocupada, si te hubieras sentado conmigo habrías zafado, pero te sentaste con María. Todo el verano sin verte y te sentás con ese. Qué tendrá él que no tengo yo.

Y en eso sonó la campana, muchos se sintieron aliviados, incluyendo a Teresa.


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“Otra vez los gritos, esta noche no me van a dejar dormir esos pibes. Cuando me mudé no tenía idea que me podían tocar ‘pendejos’ tan escandalosos, pero mejor que la calma senil del campo. Así, al menos me entretengo con algo, me gustaría poder ayudarlos, calmarlos… pobres, la pasan tan mal… Esta vez porque la chiquita anduvo ensuciándose con un amiguito de los chicos ¡Qué escándalo! Me empieza a doler la cabeza, en cualquier momento intervengo.”

“-Puta de mierda, ¿no podés mantenerte tranquila dos segundos? ¿quién te mandó a cogerte a Ramiro, desesperada?

Y menos mal que grito, así me desahogo. Pero, ¿¡cómo pudo!? Ella sabía, aparte. Es una puta, lo sabe y le gusta. Sabe que nos molesta, por eso lo hace. Si Ramirito es feo, bolita, un tremendo boludo. ’Forra’. Ahora me va a decir que no grite, que cuidado, que está la vecina. ‘¿¡Y a mi qué me importa esa vieja de mierda!? ¡qué me escuche!’ Ya sé, yo no tardo ni un segundo más, mañana le cuento todo al viejo y que la mande a un colegio de monjas.”

“Los gritos se juntaban en su cabeza, dañándola por el volumen más que por los contenidos. Ya sabía ella que era ‘una vieja de mierda’ pero estos chicos le brindaban su único entretenimiento. Nada iría a hacer para reconciliarlos porque nada era más divertido que escucharlos pelear”.